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Varias naciones abandonan Eurovisión 2026 en protesta contra la participación de Israel, incluyendo un gesto simbólico de un ex ganador
RTVE y otros cuatro países se suman a la retirada, mientras el ganador de Eurovisión 2024, Nemo, devuelve su trofeo en protesta.
Publicado: 12 de diciembre de 2025, 03:14
La controversia en torno a Eurovisión ha llevado a varios países a anunciar su retirada del certamen en protesta por la permanencia de Israel en la competición. Este 4 de diciembre es un día histórico en el contexto del festival, ya que la Unión Europea de Radiodifusión (UER) ha decidido mantener a Israel en el certamen, lo que ha provocado una serie de retiradas. España, Irlanda, Eslovenia, Países Bajos e Islandia han decidido ausentarse de Eurovisión 2026, programada para realizarse en Viena, como respuesta a lo que consideran graves violaciones de derechos humanos. RTVE fue una de las primeras cadenas en anunciar su decisión, enfatizando que los derechos humanos deben prevalecer sobre tales competencias.
Islandia ha manifestado que no habrá 'alegría ni paz' si su cadena pública participa en el festival. La televisión pública islandesa RÚV dio a conocer su decisión tras protestas y declaraciones de apoyo por parte de músicos y políticos locales que piden el boicot a la participación de Israel. La reciente decisión del Consejo de Dirección de RÚV se vio influenciada por la congregación de manifestantes que clamaron por el boicot, así como por el apoyo de más de 600 músicos islandeses. Un gesto notable es la renuncia simbólica de Nemo Mettler, ganador de Eurovisión 2024, quien decidió devolver su trofeo, argumentando que este ya no representa los valores de unidad e inclusión que pensaba que defendía el festival. Nemo ha destacado que la decisión de la UER revela un conflicto profundo entre esos ideales y las decisiones de la organización.
El descontento ha generado un efecto dominó en el festival, con llamados a la revocación de participación de otros países. Activistas en Bélgica instan a su televisión nacional a reconsiderar su participación, argumentando que hacerlo sería irresponsable mientras Israel compita. A pesar de la presión, la televisión belga RTBF ha decidido continuar participando, lo que ha suscitado críticas de activistas y sindicatos culturales que apoyan el boicot. Las redes sociales se han llenado de reclamos para que las instituciones culturales dejen de respaldar el festival mientras Israel sea parte de él. La crisis actual de Eurovisión destaca un dilema ético y cultural en el que los ideales del festival chocan con las realidades del conflicto israelí-palestino. Esta situación se ha visto intensificada por la creciente movilización de artistas y seguidores del festival que exigen un cambio en la postura de la UER respecto a Israel.
Islandia ha manifestado que no habrá 'alegría ni paz' si su cadena pública participa en el festival. La televisión pública islandesa RÚV dio a conocer su decisión tras protestas y declaraciones de apoyo por parte de músicos y políticos locales que piden el boicot a la participación de Israel. La reciente decisión del Consejo de Dirección de RÚV se vio influenciada por la congregación de manifestantes que clamaron por el boicot, así como por el apoyo de más de 600 músicos islandeses. Un gesto notable es la renuncia simbólica de Nemo Mettler, ganador de Eurovisión 2024, quien decidió devolver su trofeo, argumentando que este ya no representa los valores de unidad e inclusión que pensaba que defendía el festival. Nemo ha destacado que la decisión de la UER revela un conflicto profundo entre esos ideales y las decisiones de la organización.
El descontento ha generado un efecto dominó en el festival, con llamados a la revocación de participación de otros países. Activistas en Bélgica instan a su televisión nacional a reconsiderar su participación, argumentando que hacerlo sería irresponsable mientras Israel compita. A pesar de la presión, la televisión belga RTBF ha decidido continuar participando, lo que ha suscitado críticas de activistas y sindicatos culturales que apoyan el boicot. Las redes sociales se han llenado de reclamos para que las instituciones culturales dejen de respaldar el festival mientras Israel sea parte de él. La crisis actual de Eurovisión destaca un dilema ético y cultural en el que los ideales del festival chocan con las realidades del conflicto israelí-palestino. Esta situación se ha visto intensificada por la creciente movilización de artistas y seguidores del festival que exigen un cambio en la postura de la UER respecto a Israel.