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Treinta años después del asesinato de Yitzhak Rabin, Israel enfrenta una profunda división social y política
A través de ceremonias y reflexiones, se conmemora el legado de un líder que buscó la paz en medio del conflicto
Publicado: 4 de noviembre de 2025, 07:42
El 4 de noviembre de 2025 marca tres décadas desde que Yitzhak Rabin, entonces primer ministro de Israel, fue asesinado en Tel Aviv. El atentado, perpetrado por Yigal Amir, no solo significó un trágico desenlace para un líder que intentaba alcanzar la paz, sino que también impactó profundamente en el desarrollo político y social de Israel.
Yuval Rabin, hijo del primer ministro, en una reciente entrevista televisiva, reiteró su crítica a la política actual de Benjamin Netanyahu, acusándolo no solo de ser responsable de la polarización extrema y del declive de la paz, sino también de haber terminado con las esperanzas de un acuerdo con los palestinos tras sus años en el poder. En la ceremonia de conmemoración de este fin de semana, miles de ciudadanos discutieron el legado de paz de Rabin, mientras el presidente Isaac Herzog llamó a evitar que Israel se convierta en un campo de batalla, afirmando que, 30 años después, “una vez más estamos al borde del abismo, y solo hay un camino a seguir: ¡tolerancia cero ante la violencia!”.
Sin embargo, el actual contexto revela tendencias opuestas a la visión de Rabin. Este fin de semana, el evento de conmemoración también incluyó intervenciones de líderes políticos como Yair Lapid y Gadi Eizenkot, quienes destacaron la importancia de mantener el legado de Rabin. El ambiente social se ha vuelto hostil para los pacifistas, y las elecciones recientes evidencian una creciente inclinación hacia el nacionalismo religioso, transformando dramáticamente el panorama político en Israel. La marginalización del movimiento laborista ha sido notable; de hecho, el partido cuenta actualmente con solo 4 escaños en la Knesset, tras una fusión con Metetz bajo el nombre de Los Demócratas.
El Israel de hoy es un país mucho menos guiado por las cuestiones sociales, cada día más materialista, y al mismo tiempo más religioso y nacionalista, un país que ha tomado conciencia de que su existencia puede ser temporal y, por tanto, que es necesario vivirla con intensidad política. Este cambio radical en la política israelí ha sido tanto una consecuencia como un reflejo del legado de Rabin y su trágica muerte.
Yuval Rabin, hijo del primer ministro, en una reciente entrevista televisiva, reiteró su crítica a la política actual de Benjamin Netanyahu, acusándolo no solo de ser responsable de la polarización extrema y del declive de la paz, sino también de haber terminado con las esperanzas de un acuerdo con los palestinos tras sus años en el poder. En la ceremonia de conmemoración de este fin de semana, miles de ciudadanos discutieron el legado de paz de Rabin, mientras el presidente Isaac Herzog llamó a evitar que Israel se convierta en un campo de batalla, afirmando que, 30 años después, “una vez más estamos al borde del abismo, y solo hay un camino a seguir: ¡tolerancia cero ante la violencia!”.
Sin embargo, el actual contexto revela tendencias opuestas a la visión de Rabin. Este fin de semana, el evento de conmemoración también incluyó intervenciones de líderes políticos como Yair Lapid y Gadi Eizenkot, quienes destacaron la importancia de mantener el legado de Rabin. El ambiente social se ha vuelto hostil para los pacifistas, y las elecciones recientes evidencian una creciente inclinación hacia el nacionalismo religioso, transformando dramáticamente el panorama político en Israel. La marginalización del movimiento laborista ha sido notable; de hecho, el partido cuenta actualmente con solo 4 escaños en la Knesset, tras una fusión con Metetz bajo el nombre de Los Demócratas.
El Israel de hoy es un país mucho menos guiado por las cuestiones sociales, cada día más materialista, y al mismo tiempo más religioso y nacionalista, un país que ha tomado conciencia de que su existencia puede ser temporal y, por tanto, que es necesario vivirla con intensidad política. Este cambio radical en la política israelí ha sido tanto una consecuencia como un reflejo del legado de Rabin y su trágica muerte.