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Maximus, el gato del primer ministro belga, se convierte en una sensación viral en redes sociales
La mascota de Bart De Wever aprovecha la popularidad de las redes para suavizar la imagen política en Bélgica.
Publicado: 8 de enero de 2026, 10:28
En la actualidad política de Bélgica, un inesperado protagonista ha captado la atención del público: Maximus, el gato del primer ministro Bart De Wever. Este felino ha trascendido su rol como mascota para convertirse en una auténtica estrella en Instagram, acumulando una gran cantidad de seguidores. Desde su cuenta, Maximus comparte publicaciones que lo muestran en situaciones cotidianas, generando una conexión cercana con el electorado.
Lo que diferencia a Maximus de otros influencers es que, aunque su contenido gira en torno a él, a menudo incluye referencias a la actualidad política. Esta nueva forma de interacción parece gustarle a los ciudadanos, quienes ven en el gato una figura política desde otra óptica. Además, su creciente popularidad plantea preguntas sobre el papel de las mascotas en la percepción pública de figuras políticas, evidenciando la relación entre redes sociales y política contemporánea.
Si bien en el entorno del primer ministro han afirmado que no se busca transformar a Maximus en un símbolo político, su éxito ha abierto un debate sobre cómo la imagen de líderes puede verse influenciada por sus mascotas. Maximus sigue disfrutando de su estatus, compartiendo su vida cotidiana y divirtiendo a los belgas con su carisma.
Lo que diferencia a Maximus de otros influencers es que, aunque su contenido gira en torno a él, a menudo incluye referencias a la actualidad política. Esta nueva forma de interacción parece gustarle a los ciudadanos, quienes ven en el gato una figura política desde otra óptica. Además, su creciente popularidad plantea preguntas sobre el papel de las mascotas en la percepción pública de figuras políticas, evidenciando la relación entre redes sociales y política contemporánea.
Si bien en el entorno del primer ministro han afirmado que no se busca transformar a Maximus en un símbolo político, su éxito ha abierto un debate sobre cómo la imagen de líderes puede verse influenciada por sus mascotas. Maximus sigue disfrutando de su estatus, compartiendo su vida cotidiana y divirtiendo a los belgas con su carisma.