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La Veronal presenta una impactante adaptación de 'La mort i la primavera' de Rodoreda en el TNC, evocando el dolor del pueblo palestino.
La compañía de danza incorpora temas de tristeza y opresión reflejados en la obra literaria y en la actualidad palestina.
Publicado: 26 de septiembre de 2025, 19:49
En la inauguración de la temporada del Teatre Nacional de Catalunya (TNC), la compañía de danza La Veronal, bajo la dirección del coreógrafo Marcos Morau, presentó su ambiciosa adaptación de 'La mort i la primavera', una de las obras más emblemáticas de la escritora catalana Mercè Rodoreda. La propuesta no solo es un tributo a la literatura, sino que se convierte en una potente reflexión sobre el sufrimiento y la pérdida, vinculando la narrativa de Rodoreda con la trágica realidad del genocidio en Gaza.
El espectáculo, aclamado en la Bienal de Venecia, abre con un manifiesto en contra de la violencia en Gaza, sumergiendo a los espectadores en un universo denso y envolvente donde la danza, la imagen y la música crean una experiencia sensorial que trasciende la mera adaptación teatral. La interpretación de Maria Arnal destaca, complementando la intensidad visual del montaje con un trasfondo sonoro.
Recreando un ambiente opresivo, los bailarines utilizan movimientos que evocan tanto la belleza como la brutalidad, reflejando un pueblo atrapado en ciclos de dolor. La adaptación no sigue un narrativo lineal, sino que se sumerge en impresiones abstractas de la obra de Rodoreda, llevando al público a un viaje que resalta la inevitabilidad de la muerte y la lucha del individuo frente a la comunidad, dejando una profunda huella en la audiencia.
El espectáculo, aclamado en la Bienal de Venecia, abre con un manifiesto en contra de la violencia en Gaza, sumergiendo a los espectadores en un universo denso y envolvente donde la danza, la imagen y la música crean una experiencia sensorial que trasciende la mera adaptación teatral. La interpretación de Maria Arnal destaca, complementando la intensidad visual del montaje con un trasfondo sonoro.
Recreando un ambiente opresivo, los bailarines utilizan movimientos que evocan tanto la belleza como la brutalidad, reflejando un pueblo atrapado en ciclos de dolor. La adaptación no sigue un narrativo lineal, sino que se sumerge en impresiones abstractas de la obra de Rodoreda, llevando al público a un viaje que resalta la inevitabilidad de la muerte y la lucha del individuo frente a la comunidad, dejando una profunda huella en la audiencia.