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La Veronal presenta una danza hipnótica y surrealista, inspirada en "La muerte y la primavera" de Mercè Rodoreda en Madrid
La obra fusiona elementos de la danza contemporánea con la complejidad emocional de la literatura catalana.
Publicado: 25 de enero de 2026, 03:00
El Centro Danza Matadero de Madrid ha abierto el año 2026 con un evento notable: la presentación de "La muerte y la primavera", una obra de la reconocida compañía La Veronal, dirigida por el coreógrafo Marcos Morau. Este espectáculo es una adaptación de la novela de Mercè Rodoreda, que se considera uno de los textos más oscuros y complejos de la literatura catalana.
La creación de Morau se adentra en el profundo y surrealista mundo de la novela, tomando como base la angustia y la dualidad entre la vida y la muerte. En este sentido, la obra transforma la Nave 11 del Centro Danza Matadero en un paisaje escénico que evoca un bosque, donde los bailarines representan la lucha interna de los personajes de Rodoreda, creando una experiencia sensorial envolvente. La música original de Maria Arnal se convierte en un elemento crucial, elevando la atmósfera del espectáculo y guiando al público a través de una experiencia llena de matices y simbolismo.
Los críticos han elogiado este viaje hipnótico como un espectáculo 360, donde cada elemento —la danza, la luz, la voz y el espacio— interactúan de manera orgánica y profunda. A pesar de su éxito, algunos han notado una falta de representación de los aspectos más luminosos de la obra de Rodoreda. El surrealismo gótico y la antinarrativa de la coreografía permiten explorar futilidades existenciales y los ciclos de creación y destrucción. El espectáculo concluye con una poderosa resonancia de la voz de Arnal, dejando una impresión duradera que recuerda la dualidad de la creación y la destrucción, resonando con los ecos de la literatura de Rodoreda.
La creación de Morau se adentra en el profundo y surrealista mundo de la novela, tomando como base la angustia y la dualidad entre la vida y la muerte. En este sentido, la obra transforma la Nave 11 del Centro Danza Matadero en un paisaje escénico que evoca un bosque, donde los bailarines representan la lucha interna de los personajes de Rodoreda, creando una experiencia sensorial envolvente. La música original de Maria Arnal se convierte en un elemento crucial, elevando la atmósfera del espectáculo y guiando al público a través de una experiencia llena de matices y simbolismo.
Los críticos han elogiado este viaje hipnótico como un espectáculo 360, donde cada elemento —la danza, la luz, la voz y el espacio— interactúan de manera orgánica y profunda. A pesar de su éxito, algunos han notado una falta de representación de los aspectos más luminosos de la obra de Rodoreda. El surrealismo gótico y la antinarrativa de la coreografía permiten explorar futilidades existenciales y los ciclos de creación y destrucción. El espectáculo concluye con una poderosa resonancia de la voz de Arnal, dejando una impresión duradera que recuerda la dualidad de la creación y la destrucción, resonando con los ecos de la literatura de Rodoreda.