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La reciente declaración del damasquinado de Toledo como Bien de Interés Cultural genera debate entre sectores artesanales e industriales.
La protección cultural destaca la tradición de este oficio, mientras el sector industrial se siente parte del reconocimiento oficial.
Publicado: 27 de enero de 2026, 10:38
La milenaria técnica del damasquinado de Toledo acaba de ser oficializada como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Bien Inmaterial, un reconocimiento que destaca su relevancia cultural y busca proteger uno de los oficios más emblemáticos de la ciudad. Este proceso ha despertado tanto satisfacción como controversia entre los diferentes sectores que producen estos artefactos.
La consejera portavoz del Gobierno de Castilla-La Mancha, Esther Padilla, subrayó la importancia de esta declaración para preservar la identidad cultural y promover el futuro del arte damasquinador, agradeciendo a la Fundación Damasquinado de Toledo y los maestros que han mantenido viva la tradición. Sin embargo, la inclusión de esta técnica en la lista de BIC ha generado críticas por parte de asociaciones de productores industriales, que creen que la protección cultural también les afecta. La Fundación Damasquinado insistió en que el BIC solo protege el oficio artesanal.
Este conflicto entre la producción artesanal e industrial pone de manifiesto la necesidad de definir claramente cuáles son los valores culturales en juego. La declaración del damasquinado como BIC no solo resalta su historia y técnica, sino que invita a reflexionar sobre la identidad cultural de Toledo y el futuro de su patrimonio artesanal en un mundo cambiante.
La consejera portavoz del Gobierno de Castilla-La Mancha, Esther Padilla, subrayó la importancia de esta declaración para preservar la identidad cultural y promover el futuro del arte damasquinador, agradeciendo a la Fundación Damasquinado de Toledo y los maestros que han mantenido viva la tradición. Sin embargo, la inclusión de esta técnica en la lista de BIC ha generado críticas por parte de asociaciones de productores industriales, que creen que la protección cultural también les afecta. La Fundación Damasquinado insistió en que el BIC solo protege el oficio artesanal.
Este conflicto entre la producción artesanal e industrial pone de manifiesto la necesidad de definir claramente cuáles son los valores culturales en juego. La declaración del damasquinado como BIC no solo resalta su historia y técnica, sino que invita a reflexionar sobre la identidad cultural de Toledo y el futuro de su patrimonio artesanal en un mundo cambiante.