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La pérdida de dos figuras relevantes en la comunidad religiosa catalana: Josep Bigordà y Ramon Prat
La muerte de estos sacerdotes marca un hito en la historia religiosa y social de Cataluña.
Publicado: 20 de enero de 2026, 23:20
En un breve lapso de tiempo, la comunidad religiosa de Cataluña ha sufrido la pérdida de dos sacerdotes influyentes, Josep Bigordà y Ramon Prat, quienes dedicaron sus vidas a servicios pastorales y al activismo social, dejando un legado perdurable.
Josep Bigordà, fallecido a los 97 años, fue un sacerdote conocido por su compromiso con la justicia social y su militancia antifranquista. Su labor pastoral comenzó en Rubí y Cornellà de Llobregat y se consolidó en la parroquia de Sant Medir en Barcelona, donde se convirtió en un referente para el activismo político y social. Por otro lado, Ramon Prat, quien falleció a los 80 años tras una larga enfermedad, dejó su huella en el ámbito académico y religioso en Cataluña, fundando el Institut de Recerca i Estudis Religiosos de Lleida y dedicándose a la formación de futuros teólogos.
La muerte de estos dos sacerdotes simboliza la pérdida de una era de liderazgo religioso que se caracterizaba por su conexión con la gente y su incapacidad para denunciar injusticias. Ambos transformaron su entorno y proporcionaron un espacio de refugio y esperanza en tiempos de dificultad, recordando al público la importancia de la labor social y pastoral en el contexto contemporáneo de Cataluña.
Josep Bigordà, fallecido a los 97 años, fue un sacerdote conocido por su compromiso con la justicia social y su militancia antifranquista. Su labor pastoral comenzó en Rubí y Cornellà de Llobregat y se consolidó en la parroquia de Sant Medir en Barcelona, donde se convirtió en un referente para el activismo político y social. Por otro lado, Ramon Prat, quien falleció a los 80 años tras una larga enfermedad, dejó su huella en el ámbito académico y religioso en Cataluña, fundando el Institut de Recerca i Estudis Religiosos de Lleida y dedicándose a la formación de futuros teólogos.
La muerte de estos dos sacerdotes simboliza la pérdida de una era de liderazgo religioso que se caracterizaba por su conexión con la gente y su incapacidad para denunciar injusticias. Ambos transformaron su entorno y proporcionaron un espacio de refugio y esperanza en tiempos de dificultad, recordando al público la importancia de la labor social y pastoral en el contexto contemporáneo de Cataluña.