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La migración irregular a Europa disminuye mientras las expulsiones de marroquíes marcan la agenda de deportaciones
La UE enfrenta un panorama migratorio cambiante con caídas en las llegadas y retos en la implementación de políticas de deportación.
Publicado: 21 de enero de 2026, 16:45
Las llegadas de migrantes irregulares a Europa han caído al nivel más bajo desde 2021, con un descenso del 26% en el número de personas que lograron cruzar las fronteras de la Unión Europea. Según el último informe de Frontex, solo 178.000 personas entraron en el territorio comunitario en 2025. Esto se produce en un contexto en el que la ultraderecha ha ganado terreno en las encuestas europeas, utilizando la narrativa de una crisis migratoria para ganar apoyo.
A pesar de la caída de las llegadas, la presión sobre las políticas migratorias sigue siendo alta, y el Pacto Europeo de Migración y Asilo se enfoca en la seguridad y el control de las fronteras. Los ciudadanos marroquíes están entre los más afectados por las políticas de deportación, con la UE ordenando la salida de 6.670 marroquíes en el último trimestre de 2025, aunque solo un pequeño porcentaje de estas órdenes se traducen en expulsiones efectivas.
En un contexto más amplio, otros países europeos, como Portugal, están endureciendo sus políticas migratorias. El Gobierno conservador de Portugal ha propuesto una nueva ley que ampliaría el tiempo de estancia de los inmigrantes en los centros de internamiento de dos a 18 meses, buscando asegurar que se cumplan las órdenes de deportación. Asimismo, Bruselas ha aprobado recientemente nuevas normas que facilitan la expedición de expulsiones y permiten establecer centros de deportación fuera del territorio de la UE, inspirándose en modelos como el de Italia.
La falta de colaboración por parte de Marruecos sigue siendo un obstáculo significativo en la implementación de las políticas de deportación. A nivel comunitario, los ministros del Interior de la UE han acordado una serie de medidas para acelerar las expulsiones, lo que ha suscitado críticas y preocupaciones sobre la seguridad y los derechos humanos. El ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, ha advertido que cualquier cambio en la política migratoria debe respetar los valores fundamentales de la UE. Además, la nueva legislación busca acelerar los procesos de asilo y expulsión, adaptándose a una narrativa más dura que se ha ido imponiendo en el continente europeo.
En resumen, aunque las llegadas de migrantes a Europa disminuyen, la situación de los que ya están presentes, especialmente los marroquíes, continúa siendo crítica. La complejidad del fenómeno migratorio actual se ve reflejada no solo en las decisiones a nivel europeo, sino también en las reacciones de distintos gobiernos en respuesta a la presión social y política en torno a la inmigración. Las reformas, tanto en España como en Portugal y otros Estados miembros, muestran un giro hacia posiciones más restrictivas, aumentando las tensiones respecto a la gestión humanitaria de la migración.
A pesar de la caída de las llegadas, la presión sobre las políticas migratorias sigue siendo alta, y el Pacto Europeo de Migración y Asilo se enfoca en la seguridad y el control de las fronteras. Los ciudadanos marroquíes están entre los más afectados por las políticas de deportación, con la UE ordenando la salida de 6.670 marroquíes en el último trimestre de 2025, aunque solo un pequeño porcentaje de estas órdenes se traducen en expulsiones efectivas.
En un contexto más amplio, otros países europeos, como Portugal, están endureciendo sus políticas migratorias. El Gobierno conservador de Portugal ha propuesto una nueva ley que ampliaría el tiempo de estancia de los inmigrantes en los centros de internamiento de dos a 18 meses, buscando asegurar que se cumplan las órdenes de deportación. Asimismo, Bruselas ha aprobado recientemente nuevas normas que facilitan la expedición de expulsiones y permiten establecer centros de deportación fuera del territorio de la UE, inspirándose en modelos como el de Italia.
La falta de colaboración por parte de Marruecos sigue siendo un obstáculo significativo en la implementación de las políticas de deportación. A nivel comunitario, los ministros del Interior de la UE han acordado una serie de medidas para acelerar las expulsiones, lo que ha suscitado críticas y preocupaciones sobre la seguridad y los derechos humanos. El ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, ha advertido que cualquier cambio en la política migratoria debe respetar los valores fundamentales de la UE. Además, la nueva legislación busca acelerar los procesos de asilo y expulsión, adaptándose a una narrativa más dura que se ha ido imponiendo en el continente europeo.
En resumen, aunque las llegadas de migrantes a Europa disminuyen, la situación de los que ya están presentes, especialmente los marroquíes, continúa siendo crítica. La complejidad del fenómeno migratorio actual se ve reflejada no solo en las decisiones a nivel europeo, sino también en las reacciones de distintos gobiernos en respuesta a la presión social y política en torno a la inmigración. Las reformas, tanto en España como en Portugal y otros Estados miembros, muestran un giro hacia posiciones más restrictivas, aumentando las tensiones respecto a la gestión humanitaria de la migración.