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La lucha de las mujeres afganas por la educación en un contexto de opresión talibán: cuatro años de restricciones severas.
La experiencia personal de Marwa refleja una realidad devastadora en Afganistán, donde millones de niñas siguen sin poder acceder a la educación.
Publicado: 16 de agosto de 2025, 18:40
La situación de las mujeres en Afganistán ha empeorado drásticamente desde que los talibanes retoman el control del país hace cuatro años. Las mujeres y niñas enfrentan restricciones de movimiento y acceso a la educación sin precedentes, convirtiendo a Afganistán en el único país del mundo que impide a las mujeres acceder a la educación secundaria y universitaria. Según la UNESCO, cerca de 2,2 millones de niñas están excluidas del sistema educativo más allá de la primaria.
Una de estas mujeres es Marwa, de 24 años, quien vive escondida en un sótano en Kabul junto a otras cinco mujeres, donde intentan asistir a clases en línea como una forma de rebelarse contra el régimen talibán. Aunque esta modalidad ofrece una pequeña brecha de libertad, Marwa señala que "vivimos en una prisión", ya que el miedo constante a la represión limita su vida cotidiana. La situación es desesperante; muchas mujeres permanecen en el silencio o eligen el suicidio antes que aceptar un matrimonio forzado.
La postura del régimen talibán es ambivalente. Mientras que algunas figuras del gobierno han expresado preocupaciones sobre la situación de las mujeres, otros continúan defendiendo las políticas restrictivas de educación. Los informes de organizaciones internacionales subrayan la gravedad de la situación. Si las restricciones continúan, se estima que más de cuatro millones de niñas podrían perder su derecho a la educación secundaria y universitaria para 2030. Mientras tanto, Marwa y su grupo de mujeres luchan por mantener vivo el acceso a la educación a pesar del riesgo que esto conlleva.
Una de estas mujeres es Marwa, de 24 años, quien vive escondida en un sótano en Kabul junto a otras cinco mujeres, donde intentan asistir a clases en línea como una forma de rebelarse contra el régimen talibán. Aunque esta modalidad ofrece una pequeña brecha de libertad, Marwa señala que "vivimos en una prisión", ya que el miedo constante a la represión limita su vida cotidiana. La situación es desesperante; muchas mujeres permanecen en el silencio o eligen el suicidio antes que aceptar un matrimonio forzado.
La postura del régimen talibán es ambivalente. Mientras que algunas figuras del gobierno han expresado preocupaciones sobre la situación de las mujeres, otros continúan defendiendo las políticas restrictivas de educación. Los informes de organizaciones internacionales subrayan la gravedad de la situación. Si las restricciones continúan, se estima que más de cuatro millones de niñas podrían perder su derecho a la educación secundaria y universitaria para 2030. Mientras tanto, Marwa y su grupo de mujeres luchan por mantener vivo el acceso a la educación a pesar del riesgo que esto conlleva.