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La declaración del damasquinado de Toledo como Bien de Interés Cultural genera controversia entre sectores artesanales e industriales

Este reconocimiento busca proteger una técnica milenaria que es parte fundamental de la identidad cultural de la ciudad.

Publicado: 25 de enero de 2026, 02:21

El damasquinado de Toledo, una técnica artesanal de origen milenario, ha sido oficialmente declarado Bien de Interés Cultural (BIC) Inmaterial, lo que representa un esfuerzo por parte del Gobierno de Castilla-La Mancha para proteger y promover una de las manifestaciones artesanales más emblemáticas de la ciudad. Sin embargo, esta declaración ha desencadenado un debate sobre su alcance, especialmente en la distinción entre producciones artesanales e industriales.

La fundación que investiga y promueve el oficio artesano del damasquinado ha arremetido contra las asociaciones de productores industriales que “inundan los comercios” toledanos y que han celebrado esta iniciativa. Ellos consideran que es inadmisible que se feliciten por una protección cultural que únicamente se refiere a un bien inmaterial. La consejera portavoz del Gobierno regional, Esther Padilla, enfatizó la importancia de proteger la identidad y la memoria colectiva a través de esta declaración. No obstante, la Fundación Damasquinado de Toledo ha expresado su preocupación respecto a las reacciones de productores industriales que consideran que la declaración también ampara su forma de producción, lo cual es rechazado por los artesanos que defienden la exclusividad del BIC para el oficio artesanal.

Este arte, que simboliza la identidad toledana, busca fortalecerse con la declaración del BIC y la implementación de formaciones que promuevan su enseñanza. En una reciente rueda de prensa, Padilla subrayó que esta declaración ha sido realizada “desde el convencimiento de que lo que estamos haciendo es proteger la identidad, la memoria colectiva, pero también el futuro de algo tan importante para la ciudad de Toledo y para la región”. El proceso de declaración también contó con un año de trabajo conjunto entre el Ejecutivo autonómico y el sector vinculado a este oficio artesanal.

Sin embargo, el desafío radica en equilibrar las tradiciones con las realidades modernas de producción y comercialización, evitando tensiones como las surgidas en el pasado entre sectores artesanales e industriales. La Fundación Damasquinado de Toledo, entidad que representa a los artesanos, ha sido clara en afirmar que la declaración como BIC no incluye a la producción industrial, contrastando las afirmaciones de los productores que argumentan que la evolución del damasquinado incluye tanto la producción artesanal como la industrial. Según Luis Peñalver, miembro de la Fundación, el texto de la declaración es inequívoco y se refiere a un oficio artesanal que se transmite de generación en generación. La resolución se centra en la preservación de la técnica tradicional y la documentación de su valor cultural, excluyendo la producción industrial, que, aunque respetable, no debe ser considerada parte del patrimonio inmaterial protegido.