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La cumbre de la UE concluye con el acuerdo de un préstamo de 90.000 millones para Ucrania y el retraso del pacto con Mercosur

Los líderes europeos optan por financiar a Ucrania a través de eurobonos en lugar de activos rusos congelados, mientras el futuro del acuerdo con Mercosur queda en suspenso.

Publicado: 30 de diciembre de 2025, 12:27

En una cumbre clave celebrada en Bruselas, los líderes de la Unión Europea alcanzaron un acuerdo para financiar a Ucrania con un préstamo de 90.000 millones de euros, utilizando eurobonos en lugar de los activos rusos congelados, una decisión que refleja la creciente tensión entre los Estados miembros sobre cómo apoyar a Kiev en su lucha contra la invasión rusa. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el canciller alemán, Friedrich Merz, lideraron una iniciativa para utilizar los activos rusos inmovilizados como base del préstamo, pero la fuerte oposición de Bélgica, encabezada por el primer ministro Bart De Wever, hizo imposible avanzar con esta propuesta. De Wever argumentó que la utilización de estos activos presentaba riesgos legales y posibles represalias de Rusia, preocupaciones que fueron reforzadas en la cumbre por la nueva propuesta del presidente francés, Emmanuel Macron, de dialogar con Rusia en condiciones favorables para lograr la ruta de paz.

De Wever también encontró apoyo entre otros estados miembros, incluyendo Italia, que bajo la dirección de la primera ministra Giorgia Meloni, hizo hincapié en la necesidad de evaluar los riesgos antes de considerar cualquier medida. La presión de los agricultores franceses e italianos logró retrasar la firma del acuerdo comercial con el Mercosur, que había estado en negociaciones durante más de dos décadas.

Mientras se lograron acuerdos en la financiación de Ucrania, Australia y la recopilación del apoyo internacional, el encuentro reveló las divisiones internas en la UE, con Meloni emergiendo como una figura influyente al lado de De Wever, abrazando la necesidad de un enfoque cauteloso hacia Rusia. En este contexto, las garantías solicitadas por Bélgica para asegurar los activos rusos fueron un punto de contención, exacerbando tensiones entre naciones pro-rusas y los liderazgos europeos que buscan un enfoque más firme contra Moscú. La cumbre sentó un precedente significativo sobre cómo la UE debe manejar sus relaciones con Rusia y también plantea serias dudas sobre la capacidad del bloque para alcanzar consensos claros y firmes en el futuro.