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José Antonio Kast se convierte en el primer presidente pinochetista en Chile tras un histórico triunfo electoral
La victoria del ultraderechista marca un cambio significativo en la política chilena y en el panorama del continente.
Publicado: 1 de enero de 2026, 01:52
En un giro inesperado para la política chilena, José Antonio Kast, candidato del Partido Republicano, se ha convertido en el primer presidente en llegar al poder en democracia con vínculos directos al legado de la dictadura de Augusto Pinochet. Bask logró una aplastante victoria en la segunda vuelta electoral del 14 de diciembre de 2025, obteniendo el 58.61% de los votos frente a la candidata comunista Jeannette Jara, quien quedó en 41.39%. Kast se presenta como un defensor de valores tradicionales, con su campaña anclada en la seguridad, la inmigración y la economía, temas que resonaron profundamente en la ciudadanía que, tras años de inestabilidad y descontento con el gobierno de Gabriel Boric, optó por un cambio radical.
El contexto de su triunfo se sitúa en un país que ha vivido un creciente clamor por mano dura contra la delincuencia y la inmigración irregular, tras una ola de protestas en 2019 que revelaron profundas desigualdades sociales. Durante su campaña, Kast ha mantenido una retórica que evoca las promesas de orden y autoridad, proponiendo medidas como la expulsión masiva de migrantes y la construcción de cárceles de alta seguridad. Su llegada al poder es vista no solo como un triunfo político personal, sino como un símbolo de una tendencia más amplia en América Latina, donde líderes de la ultraderecha están ganando terreno.
Kast, hijo de un militante nazi y un histórico defensor de Pinochet, ha tenido que moderar su discurso para alcanzar la presidencia, evitando referencias directas a su pasado y enfocándose en cuestiones que afectan directamente a la población. Con su victoria, también ha despertado tanto el entusiasmo entre sus partidarios como la preocupación en sectores de la sociedad y en gobiernos de izquierda del continente, que ven en su ascenso una amenaza para los derechos humanos y la democracia. La respuesta de la comunidad internacional ha sido mixta, con congratulaciones de líderes como Marco Rubio de EE.UU. y Javier Milei de Argentina, a la espera de ver cómo su administración impactará la política regional.
El contexto de su triunfo se sitúa en un país que ha vivido un creciente clamor por mano dura contra la delincuencia y la inmigración irregular, tras una ola de protestas en 2019 que revelaron profundas desigualdades sociales. Durante su campaña, Kast ha mantenido una retórica que evoca las promesas de orden y autoridad, proponiendo medidas como la expulsión masiva de migrantes y la construcción de cárceles de alta seguridad. Su llegada al poder es vista no solo como un triunfo político personal, sino como un símbolo de una tendencia más amplia en América Latina, donde líderes de la ultraderecha están ganando terreno.
Kast, hijo de un militante nazi y un histórico defensor de Pinochet, ha tenido que moderar su discurso para alcanzar la presidencia, evitando referencias directas a su pasado y enfocándose en cuestiones que afectan directamente a la población. Con su victoria, también ha despertado tanto el entusiasmo entre sus partidarios como la preocupación en sectores de la sociedad y en gobiernos de izquierda del continente, que ven en su ascenso una amenaza para los derechos humanos y la democracia. La respuesta de la comunidad internacional ha sido mixta, con congratulaciones de líderes como Marco Rubio de EE.UU. y Javier Milei de Argentina, a la espera de ver cómo su administración impactará la política regional.