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Investigación del accidente en Adamuz revela la urgencia de actualizar el sistema de señalización ferroviario en España.
La tragedia del accidente destaca las deficiencias del sistema LZB, que está siendo sustituido por el ERTMS, mejorando la seguridad ferroviaria.
Publicado: 28 de enero de 2026, 09:26
El accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, Córdoba, ha dejado un saldo trágico de 45 muertos y ha puesto de manifiesto la urgente necesidad de modernizar el sistema de señalización de la red ferroviaria española. Tras el siniestro, la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) y la Guardia Civil han trabajado incansablemente para determinar las causas del accidente, centrando su análisis en el sistema de seguridad y control del tráfico LZB, que, aunque eficaz en su momento, es considerado obsoleto frente al ERTMS (European Rail Traffic Management System).
El LZB, un sistema alemán que data de la década de los 80, transmite información crucial a los trenes sobre la velocidad permitida y las condiciones de la vía. Sin embargo, en el caso del accidente del Alvia y el Iryo, este sistema falló en su función; la velocidad de colisión superó los 200 km/h, dejando al maquinista sin la posibilidad de reaccionar. Las investigaciones actuales se enfocan en los registros dejados por el LZB, así como en las grabaciones de seguridad y las llamadas de emergencia realizadas durante el accidente.
Al mismo tiempo, el contexto del accidente resalta la presión para modernizar la infraestructura ferroviaria de España. Desde la liberalización del transporte ferroviario en 2021, nuevas empresas como Ouigo e Iryo han llegado al mercado, revelando deficiencias en el sistema de seguridad que hasta entonces habían pasado desapercibidas. La reciente colisión no solo ha reavivado el debate sobre la seguridad en el transporte ferroviario, sino que también exige una responsabilidad política clara para evitar futuros incidentes.
El LZB, un sistema alemán que data de la década de los 80, transmite información crucial a los trenes sobre la velocidad permitida y las condiciones de la vía. Sin embargo, en el caso del accidente del Alvia y el Iryo, este sistema falló en su función; la velocidad de colisión superó los 200 km/h, dejando al maquinista sin la posibilidad de reaccionar. Las investigaciones actuales se enfocan en los registros dejados por el LZB, así como en las grabaciones de seguridad y las llamadas de emergencia realizadas durante el accidente.
Al mismo tiempo, el contexto del accidente resalta la presión para modernizar la infraestructura ferroviaria de España. Desde la liberalización del transporte ferroviario en 2021, nuevas empresas como Ouigo e Iryo han llegado al mercado, revelando deficiencias en el sistema de seguridad que hasta entonces habían pasado desapercibidas. La reciente colisión no solo ha reavivado el debate sobre la seguridad en el transporte ferroviario, sino que también exige una responsabilidad política clara para evitar futuros incidentes.