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El trastorno afectivo estacional: cómo el invierno afecta nuestro estado de ánimo y energía.
La falta de luz y el clima frío contribuyen a un aumento de la depresión y el cansancio durante los meses de invierno.
Publicado: 20 de enero de 2026, 22:24
Durante los meses de invierno, muchas personas experimentan una sensación de cansancio y melancolía que se relaciona con un fenómeno conocido como trastorno afectivo estacional (TAE). Este trastorno se caracteriza por episodios depresivos recurrentes que aparecen con la llegada del frío y la oscuridad, generalmente entre otoño e invierno, y que remiten en primavera y verano. Uno de los factores más significativos que contribuyen al TAE es la reducción de la luz solar durante estos meses, lo que puede provocar una sobreproducción de melatonina, aumentando así la somnolencia y disminuyendo la energía.
El invierno también tiende a reducir la actividad física y las oportunidades de socialización, generando sensación de aislamiento y soledad, lo que puede agravar los síntomas del TAE. Es importante mencionar que no todas las personas que sienten cansancio en invierno padecen este trastorno, pero la identificación y el diagnóstico son clave para quienes sí lo experimentan. Para que se considere TAE, los síntomas deben presentarse de manera recurrente durante al menos dos años y declinar al inicio de la primavera.
En resumen, la combinación de menos luz solar, la reducción del movimiento diario y el incremento de la sensación de aislamiento son factores que pueden contribuir a un aumento en la prevalencia del TAE, destacando la importancia de la luz natural y la actividad social en la regulación de nuestro estado de ánimo.
El invierno también tiende a reducir la actividad física y las oportunidades de socialización, generando sensación de aislamiento y soledad, lo que puede agravar los síntomas del TAE. Es importante mencionar que no todas las personas que sienten cansancio en invierno padecen este trastorno, pero la identificación y el diagnóstico son clave para quienes sí lo experimentan. Para que se considere TAE, los síntomas deben presentarse de manera recurrente durante al menos dos años y declinar al inicio de la primavera.
En resumen, la combinación de menos luz solar, la reducción del movimiento diario y el incremento de la sensación de aislamiento son factores que pueden contribuir a un aumento en la prevalencia del TAE, destacando la importancia de la luz natural y la actividad social en la regulación de nuestro estado de ánimo.