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El acuerdo de reparación de la Iglesia enfrenta críticas y expectativas tras años de abuso y desconfianza
La Conferencia Episcopal y el Gobierno fijan pautas para la reparación integral de víctimas de pederastia, pero muchos cuestionan su efectividad.
Publicado: 11 de enero de 2026, 02:47
El pasado 8 de enero de 2026, se anunció un acuerdo entre la Conferencia Episcopal y el Gobierno español, destinado a la reparación integral de las víctimas de la pederastia en la Iglesia que no habían acudido al organismo eclesial, conocido como PRIVA. Este acuerdo marca un avance significativo en la atención a las víctimas, aunque ha generado una recepción mixta. La Iglesia se ha comprometido a seguir trabajando en la reparación de todos los menores que hayan sufrido abusos, no solo dentro de su organización, en un contexto de creciente presión social.
A pesar de este compromiso, un sobreviviente ha expresado su descontento hacia el acuerdo, considerando que no aborda adecuadamente el daño infligido a las víctimas y critica la falta de justicia plena. Argumenta que la propuesta más parece una gestión del escándalo que una respuesta real a las exigencias de justicia. La crítica destaca una historia de desconfianza hacia la Iglesia y urge a que asuma su responsabilidad no solo como institución religiosa, sino también como entidad responsable de los actos de sus miembros.
La discusión sobre el acuerdo y su implementación refleja una mezcla de expectativas y escepticismo en la sociedad, con grupos de apoyo pidiendo que cualquier forma de reparación esté acompañada del reconocimiento y castigo de los delitos. A medida que se implementan los detalles del acuerdo, queda la interrogante sobre si realmente podrá restaurar la confianza de los sobrevivientes en la Iglesia.
A pesar de este compromiso, un sobreviviente ha expresado su descontento hacia el acuerdo, considerando que no aborda adecuadamente el daño infligido a las víctimas y critica la falta de justicia plena. Argumenta que la propuesta más parece una gestión del escándalo que una respuesta real a las exigencias de justicia. La crítica destaca una historia de desconfianza hacia la Iglesia y urge a que asuma su responsabilidad no solo como institución religiosa, sino también como entidad responsable de los actos de sus miembros.
La discusión sobre el acuerdo y su implementación refleja una mezcla de expectativas y escepticismo en la sociedad, con grupos de apoyo pidiendo que cualquier forma de reparación esté acompañada del reconocimiento y castigo de los delitos. A medida que se implementan los detalles del acuerdo, queda la interrogante sobre si realmente podrá restaurar la confianza de los sobrevivientes en la Iglesia.