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Crisis institucional en Polonia se intensifica con enfrentamientos por el Tribunal Constitucional

La disputada dirección del TC provoca protestas y enfrentamientos políticos graves.

Publicado: 4 de noviembre de 2026, 09:55

Polonia atraviesa una crisis institucional en torno al Tribunal Constitucional (TC), marcado por enfrentamientos entre el Gobierno liderado por el primer ministro Donald Tusk, de orientación proeuropea, y el presidente del país, Karol Nawrocki, afín al partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS). Esta situación ha escalado tras la reciente suspensión del presidente del TC, Bogdan Święczkowski, que abarca profundas contiendas sobre la legitimidad de la corte y el control judicial en el país.

La crisis se inició el pasado viernes, cuando un grupo de jueces, respaldados por el Gobierno de Tusk, suspendió a Święczkowski, quien había sido designado por el anterior ejecutivo del PiS. La jueza de mayor antigüedad, Anna Korwin-Piotrowska, asumió la dirección temporal del TC y argumentó que la suspensión era necesaria debido a irregularidades en la gestión de Święczkowski.

Este acto generó una serie de protestas acaloradas. Cientos de manifestantes, incluidos miembros del PiS, se reunieron frente al tribunal en Varsovia, donde se registraron enfrentamientos con la policía, que estableció un cordón para proteger el edificio. Durante esta jornada, Nawrocki interrumpió un viaje oficial y regresó con un avión que dio la vuelta, se presentó en el lugar y mantuvo un enfrentamiento físico con la seguridad para ingresar en la corte. Sus acciones fueron vistas por muchos, incluidos miembros de su propio partido, como una incursión antidemocrática.

Las tensiones se intensificaron cuando el Gobierno de Tusk acusó a Nawrocki y sus partidarios de intentar llevar a cabo un "golpe de Estado" en sus intentos por recuperar el control del TC. Tusk, en un discurso, afirmó que la actuación de sus opositores era ilegal y que se trataba de una amenaza para el Estado de derecho. En respuesta, Nawrocki apuntó a Tusk como el responsable de la crisis actual, descalificando sus acciones durante el tumulto en el TC.

El caos se ha visto exacerbado por el boicot de parte del Tribunal Supremo a una reunión que pretendía evaluar la crisis constitucional. Un grupo de 28 de los 125 magistrados no asistió, aumentando la fractura institucional ya evidente. Este cisma pone a prueba la funcionalidad del sistema judicial polaco y revela la desconfianza profunda entre facciones políticas.

En medio de este clima de inestabilidad, la Fiscalía ha comenzado una investigación sobre la presunta coacción de jueces, tras informes de violencia y amenazas que habrían tenido lugar durante las recientes manifestaciones. La oposición sostiene que las acciones de Tusk son parte de una estrategia más amplia que busca desmantelar lo que consideran un tribunal que ha sido cooptado por el Gobierno.

La situación plantea serios desafíos no solo para el sistema judicial polaco, sino también para la alianza de Tusk con las instituciones europeas que han estado observando de cerca el deterioro de los estándares democráticos en Polonia. A medida que los líderes europeos presionan para restablecer el Estado de derecho, la línea cada vez más divisoria entre el Gobierno y la presidencia sugiere que la crisis podría prolongarse sin una resolución clara en el horizonte.