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Contactos entre Israel y Líbano tras más de 40 años marcan un nuevo capítulo en la región mientras Israel refuerza sus bases en el sur del Líbano

La reanudación de diálogos civiles coincide con un fortalecimiento de la presencia militar israelí en la frontera y la influencia en Siria.

Publicado: 8 de enero de 2026, 11:53

En un desarrollo sin precedentes en décadas, Israel y Líbano han reanudado sus contactos civiles tras más de 40 años de hostilidad e inexistencia de relaciones diplomáticas. Este encuentro, celebrado bajo la supervisión de la ONU en Naqura, se enmarca dentro del mecanismo de vigilancia del alto el fuego establecido en 2024 tras el conflicto con Hezbollah. Sin embargo, a pesar de esta apertura, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, dejó claro que esto no se traduce en conversaciones de paz amplias, dado que ambos países siguen oficialmente en estado de guerra.

Representantes de ambos países discutieron sobre posibles mecanismos para promover la cooperación económica, aunque Salam enfatizó que el cese de hostilidades y la retirada israelí del Líbano son condiciones previas para cualquier avance en las relaciones. Simultáneamente, el ejército israelí ha reforzado y ampliado cinco de sus bases en el sur del Líbano, que debían ser temporales y ahora se consideran de carácter más permanente. Esto fue evidenciado por una investigación de NRC que mostró un incremento en las medidas de seguridad y el equipamiento militar en esas bases, incluyendo la instalación de muros y puestos de observación.

Además, se ha revelado que Israel está suministrando armas a las milicias drusas en Siria, en respuesta a la inestabilidad en el país vecino. Esta estrategia busca debilitar la influencia del gobierno sirio y fragmentar su poder. Este entrelazado de contactos diplomáticos y la dinámica militar en Líbano y Siria refleja la complejidad del conflicto en Medio Oriente, donde las redefiniciones de alianzas y la búsqueda de equilibrar poderes podrían determinar el futuro de la paz y la estabilidad en la zona. La situación ha sido complicada aún más por la escalada de las protestas en Irán, donde la represión ha dejado al menos 36 muertos y más de 2000 detenidos, lo que añade una capa de tensión regional al contexto ya frágil.