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Acusaciones de agresión sexual contra Julio Iglesias por ex trabajadoras revelan un oscuro entorno laboral en sus mansiones
Testimonios de ex empleadas denuncian un ambiente de control y acoso, poniendo en cuestión la figura del artista.
Publicado: 22 de enero de 2026, 05:07
Dos mujeres que trabajaron en las mansiones de Julio Iglesias, ubicadas en Punta Cana y Bahamas, han acusado al cantante de agresiones sexuales, descritas como parte de un entorno laboral marcado por el control y el miedo. Los relatos, revelados por elDiario.es y confirmados por elPlural, retratan un patrón de abuso que se habría perpetuado durante varios años, aparentemente bajo la supervisión de otros empleados.
Una de las trabajadoras, conocida bajo el seudónimo de Rebeca, relata que durante su tiempo en la residencia, sufrió presiones para mantener encuentros sexuales con el artista. Los episodios de abuso incluían tocamientos y agresiones físicas, como bofetadas. Rebeca describe un ambiente en el que Iglesias ejercía un control total, revisando su teléfono y limitando su capacidad para socializar o salir de la propiedad. Las empleadas eran obligadas a someterse a exámenes ginecológicos como parte de los requisitos laborales.
La otra denunciante, Laura, era fisioterapeuta del cantante y narra experiencias similares, donde las agresiones sexuales se producían en un marco de intimidación y amenaza. Ambas coinciden en que el ambiente en las mansiones se caracterizaba por un 'control, acoso y terror', convirtiendo lo que inicialmente parecía un trabajo prometedor en una pesadilla. Estas testimoniales ponen de manifiesto las condiciones abusivas en que trabajaban, donde las interacciones del cantante se tornaban, a menudo, en situaciones de acoso.
Una de las trabajadoras, conocida bajo el seudónimo de Rebeca, relata que durante su tiempo en la residencia, sufrió presiones para mantener encuentros sexuales con el artista. Los episodios de abuso incluían tocamientos y agresiones físicas, como bofetadas. Rebeca describe un ambiente en el que Iglesias ejercía un control total, revisando su teléfono y limitando su capacidad para socializar o salir de la propiedad. Las empleadas eran obligadas a someterse a exámenes ginecológicos como parte de los requisitos laborales.
La otra denunciante, Laura, era fisioterapeuta del cantante y narra experiencias similares, donde las agresiones sexuales se producían en un marco de intimidación y amenaza. Ambas coinciden en que el ambiente en las mansiones se caracterizaba por un 'control, acoso y terror', convirtiendo lo que inicialmente parecía un trabajo prometedor en una pesadilla. Estas testimoniales ponen de manifiesto las condiciones abusivas en que trabajaban, donde las interacciones del cantante se tornaban, a menudo, en situaciones de acoso.